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¿Qué es el patriarcado? El patriarcado es un modelo de organización social que da privilegios a los hombres sobre las mujeres. Es un sistema que han desarrollado históricamente todas las culturas a lo largo y ancho del planeta, que distribuye de manera desigual el poder económico, político y social en función del sexo, y que además se presenta como si fuera la única forma de organización social posible. Es un modelo androcéntrico, es decir, que sitúa al hombre como centro y medida de todas las cosas, y presenta a la mujer como la alteridad, como lo otro, lo diferente, lo que no es estándar. Por eso aceptamos que el término hombre sirva para designar a toda la humanidad o que el masculino se considere «lenguaje neutro».

El sistema patriarcal está en la base de las desigualdades entre mujeres y hombres, y es el conjunto de valores y creencias en el que nos han educado. A veces cuesta verlo, porque es algo que tenemos muy arraigado, lo hemos interiorizado y normalizado.

Las sociedades patriarcales asignan diferentes tareas a las personas en función de su pertenencia a uno u otro sexo: a las mujeres se les confiere un rol reproductivo, ligado al cuidado de la familia, al sostenimiento del hogar y al espacio privado, y a los hombres un rol productivo, el del trabajo remunerado, el espacio público y la toma de decisiones. Es la división sexual del trabajo, que hace un reparto de roles en función del género poco o nada equitativo y provoca la dependencia de las mujeres respecto de los hombres.

La forma como esperamos que se comporte una mujer y como esperamos que se comporte un hombre son construcciones sociales, como creer que las mujeres son más cariñosas, que todas desean ser madres o que los hombres tienen un impulso sexual irrefrenable. Muchas de las cosas que hacemos y de las decisiones que tomamos, que creemos que hacemos y decidimos libremente, están influidas por la ideología patriarcal.

¿Qué es el patriarcado? El patriarcado es un modelo de organización social que da privilegios a los hombres sobre las mujeres. Es un sistema que han desarrollado históricamente todas las culturas a lo largo y ancho del planeta, que distribuye de manera desigual el poder económico, político y social en función del sexo, y que además se presenta como si fuera la única forma de organización social posible. Es un modelo androcéntrico, es decir, que sitúa al hombre como centro y medida de todas las cosas, y presenta a la mujer como la alteridad, como lo otro, lo diferente, lo que no es estándar. Por eso aceptamos que el término hombre sirva para designar a toda la humanidad o que el masculino se considere «lenguaje neutro».

El sistema patriarcal está en la base de las desigualdades entre mujeres y hombres, y es el conjunto de valores y creencias en el que nos han educado. A veces cuesta verlo, porque es algo que tenemos muy arraigado, lo hemos interiorizado y normalizado.

Las sociedades patriarcales asignan diferentes tareas a las personas en función de su pertenencia a uno u otro sexo: a las mujeres se les confiere un rol reproductivo, ligado al cuidado de la familia, al sostenimiento del hogar y al espacio privado, y a los hombres un rol productivo, el del trabajo remunerado, el espacio público y la toma de decisiones. Es la división sexual del trabajo, que hace un reparto de roles en función del género poco o nada equitativo y provoca la dependencia de las mujeres respecto de los hombres.

La forma como esperamos que se comporte una mujer y como esperamos que se comporte un hombre son construcciones sociales, como creer que las mujeres son más cariñosas, que todas desean ser madres o que los hombres tienen un impulso sexual irrefrenable. Muchas de las cosas que hacemos y de las decisiones que tomamos, que creemos que hacemos y decidimos libremente, están influidas por la ideología patriarcal.

Los del patriarcado

Los falsos mitos del patriarcado son creencias erróneas pero muy extendidas acerca de la igualdad, el feminismo o la violencia de género.

No tienen ningún fundamento pero se extienden a gran velocidad y la gente los toma como verdad aunque son totalmente falsos. Internet y las redes sociales contribuyen a extender estos y otros bulos, porque la información viaja a gran velocidad y se viraliza fácilmente. Aunque igual que se pueden usar para extender falsos mitos también se pueden usar para rebatirlos.

¿Y cómo se desmontan los falsos mitos? La mejor forma de hacerlo es consultando los datos que proceden de fuentes oficiales.

A continuación te mostramos y desmentimos algunos, para que la próxima vez no te relíen con falsos mitos. Hay muchos más. Seguro que puedes detectarlos y desmontarlos por tu cuenta. ¡ADELANTE!

 

Test: ¿Cuánto sabes sobre igualdad?

Concursa ¡y gana en igualdad!

Concurso de posts «Que no te relíen con los falsos mitos del patriarcado»

¿EN QUÉ CONSISTE EL CONCURSO? El concurso consiste en la publicación de mensajes o posts en redes sociales sobre los falsos mitos del patriarcado. Cada post deberá contener una imagen o audiovisual, y un lema relacionados con la campaña. Tanto la imagen como el texto han de ser originales y de autoría propia. Deberán tener un formato compatible con las redes sociales en las que se publiquen. Los audiovisuales tendrán una duración máxima de 3 minutos.

¿QUIÉN PUEDE PARTICIPAR? Cualquier persona residente en la ciudad de Sevilla con edad comprendida entre los 13 y los 29 años. Formaremos tres grupos de edad: de 13 a 17 años, de 18 a 24 y de 25 a 29. A cada grupo le corresponderá un premio. Las chicas y chicos menores de 18 años deberán tener la autorización expresa de su madre, padre o tutor/a legal para participar en el concurso.

¿CÓMO PUEDO PARTICIPAR? Para participar  en el concurso, deberás publicar tu post en las redes sociales Twitter, Facebook o Instagram; puedes publicarlo solo en una o en todas, como prefieras. El único requisito es que tenga relación con la campaña. Puede ser una denuncia sobre alguno de los falsos mitos que propaga el patriarcado, o un ejemplo de superación de desigualdades. Puedes grabarte un video a ti misma/o diciendo un mensaje, o enviar una ilustración, un collage, una fotografía,… el formato de la obra es libre. Ojo, es muy importante que sigas esto a rajatabla para poder concursar:

La publicación deberá incluir una mención a Colaboratorias (@Colaboratorias), el hashtag #desmontandoelpatriarcado y la edad de la persona participante en formato hashtag (#19). Por ejemplo:

[Aquí va el texto del mensaje, el lema con el que quieres participar] @Colaboratorias #desmontandoelpatriarcado #21.

Puedes remitir también tu post por correo electrónico a concurso@desmontandoelpatriarcado.org. Deberás incluir la frase y la imagen o video, y un enlace a la publicación en una red social.

OBRAS GANADORAS Y PREMIOS. La selección de las obras ganadoras se realizará en base a dos criterios: Criterio 1. Relación de la obra presentada con el tema de la campaña. Criterio 2. Originalidad, creatividad y calidad de la obra. Podrás ganar uno de estos libros:

Grupo de 13 a 17 años: Feminismo para principiantes, en versión cómic-book. De Nuria Varela y Antonia Santolaya.

Grupo de 18 a 24 años: Feminismo ilustrado. Ideas para combatir el machismo. De María Murnau y Helen Sotillo.

Grupo de 25 a 29 años: Nuevos hombres buenos. La masculinidad en la era del feminismo. De Ritxar Bacete.

PLAZO. Se admitirán obras a concurso hasta el lunes 20 de mayo. Los resultados se darán a conocer antes del 31 de mayo, a través del contacto facilitado (la red social en la que se ha publicado la obra participante o mediante correo electrónico).

Te recomendamos que leas atentamente las bases completas del concurso en este enlace.

Que no te relíen con

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Falso mito #1:
«Ya hemos conseguido la igualdad»

Seguro que alguna vez has oído: «A lo mejor en otros sitios se discrimina a las mujeres, pero en España ya no; yo no sé de qué os quejáis;». Como si el hecho de que las mujeres de otros lugares del planeta estén en peor situación que nosotras, o que hayamos avanzado respecto al pasado, nos impidiera ver las desigualdades que todavía persisten. Que otras mujeres, antes o en otros lugares, hayan estado o estén peor que nosotras, no quiere decir que nosotras estemos bien. Aunque tenemos leyes que impiden la discriminación y garantizan la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, en la vida real no la hemos alcanzado. Como lo mejor para rebatir los falsos mitos es acudir a los datos, ahí van algunos:

• En el empleo, hay menos mujeres que hombres con trabajo, cobran salarios más bajos y tienen empleos más precarios. Todo esto penaliza las futuras pensiones de jubilación, que son mucho más bajas para las mujeres. Es una característica estructural del empleo, es decir, que no es temporal, ni se debe a la crisis ni a algo pasajero.

• Las mujeres siguen siendo las principales cuidadoras de la familia. Son las que solicitan excedencias para el cuidado de las hijas e hijos y de las personas dependientes (8 de cada 10), con lo que sus carreras laborales son más intermitentes.

• La mayor parte de los puestos de poder y decisión están ocupados por hombres: en centros de investigación, universidades, medios de comunicación o judicatura. Hay tres alcaldes por cada alcaldesa en las ciudades y pueblos de Andalucía.

• Hay más chicas en la universidad (55%) pero no llegan a un tercio (28%) en las carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), que son las de mayores oportunidades laborales.

• Las mujeres juegan a videojuegos tanto como los hombres, pero el porcentaje de trabajadoras en este sector es solo del 17%.

• En el deporte de alto nivel y alto rendimiento hay una mujer por cada dos hombres en Andalucía.

Aunque en las últimas décadas las mujeres han conquistado importantes derechos aún queda mucho que hacer para alcanzar la plena igualdad. Prueba a documentarte sobre la participación de mujeres y hombres en distintas actividades y órganos de representación, a ver qué encuentras.

Falso mito #2
«Ni machismo ni feminismo, igualdad»

Cuando se habla de feminismo, muchas personas dicen: «ni machismo ni feminismo, igualdad», como si el feminismo fuera lo contrario del machismo y la igualdad un término medio. Pero no es así.

El feminismo es un movimiento que demanda para las mujeres las mismas oportunidades y derechos que tienen los hombres. Se cuestiona el modelo social androcéntrico –ese que pone al hombre como centro y medida de todas las cosas– y propone otro modelo de relaciones en el que las diferencias entre mujeres y hombres no se conviertan en desigualdades.

¿Y el machismo? El machismo lo que quiere es mantener los privilegios de los hombres sobre las mujeres. El feminismo no busca que las mujeres estén en una situación de superioridad, pero el machismo sí busca eso para los hombres. Por tanto, no son contrarios.

El feminismo no quiere imponer a las mujeres que se vistan o hagan las cosas de una manera concreta, sino que las mujeres tengan la libertad de hacer las cosas como quieran, libres de imposiciones de género.

¿Y por qué se llama feminismo y no igualdad? Pues por dos razones principales: porque igualdad es una cosa y feminismo otra, y porque cada cual llama a su movimiento como mejor le parece.

Falso mito #3
«Las leyes de igualdad se usan contra los hombres»

Una frase que se repite mucho desde el machismo es que las leyes de igualdad discriminan a los hombres. Eso no es así. Las leyes y políticas de igualdad ni están pensadas ni se usan para discriminar a los hombres sino para eliminar la discriminación hacia las mujeres. No se hacen políticas contra los hombres, sino políticas a favor de las mujeres para corregir las desigualdades existentes.

Si existe una situación de desigualdad en cualquier ámbito y no hacemos nada, o seguimos haciendo las cosas igual que se venían haciendo, la situación de desigualdad continúa. Hay que hacer las cosas de diferente manera para conseguir otros resultados. Así que para conseguir la igualdad tenemos que tener una actitud abierta al cambio. Quien se sienta amenazado por eso es que está viendo derrumbarse sus privilegios.

Falso mito #4
«La violencia no tiene género»

Hay gente que se empeña en decir que no existe la violencia de género. Aunque los datos digan otra cosa.

La violencia de género está reconocida por todos los organismos internacionales y afecta a mujeres de todo el mundo y de todos los estratos sociales. La Organización Mundial de la Salud afirma que la violencia contra la mujer es «un problema de salud global de proporciones epidémicas» y estima que afecta a una de cada tres mujeres en el mundo.

Es un tipo de violencia que se ejerce sobre las mujeres solo por el hecho de ser mujeres, una consecuencia de la cultura machista y una manifestación de la discriminación, la desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres. Incluye prácticas como los feminicidios, la violencia sexual, la explotación sexual, la mutilación genital o los matrimonios forzados. Todas son manifestaciones de violencia que se ejercen solo o de manera desproporcionada sobre las mujeres y las niñas.

En nuestro país, desde el año 2003, novecientas ochenta y ocho mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas. Actualmente hay más de 500.000 víctimas reconocidas por violencia de género. Cada hora y media se comete un delito de los que se llaman «contra la libertad e indemnidad sexual» y una mujer es violada cada cinco horas, cada día del año.

Quienes niegan que exista la violencia de género suelen decir que no es violencia de género sino doméstica. En realidad existen ambos tipos de violencia; que exista un tipo de violencia no quiere decir que no exista la otra.

Falso mito #5
«La mayoría de las denuncias son falsas»

Que las denuncias por violencia de género son falsas y las mujeres las usan para manipular a sus parejas es un falso mito que surge cada cierto tiempo y a veces hasta acaba apareciendo en las noticias. Presentar denuncia falsa es un delito, y por tanto, cuando se sospecha que alguien lo ha hecho, se la juzga. Así que existen datos. Y como la mejor forma de desterrar falsas creencias es conocer los datos, vamos a ellos:

Según la Fiscalía General del Estado, el porcentaje de denuncias falsas es del 0,0078%. Por tanto, las denuncias falsas son mínimas y por supuesto nada significativas estadísticamente.

Muchas veces ocurre que en un procedimiento judicial por violencia de género el acusado acaba siendo absuelto. Pero que el acusado sea absuelto no quiere decir que la denuncia sea falsa sino que no se ha demostrado que sea culpable. Son cosas muy diferentes.

Si lo que queremos es medir el alcance de la violencia de género, en vez de pensar en denuncias falsas, a lo mejor deberíamos pensar en que existe un gran número de casos no se denuncian; un ejemplo: tres de cada cuatro mujeres asesinadas por su pareja o expareja en 2018 no habían presentado antes denuncia.

Falso mito #6
«Si te controla es porque te quiere»

¿Con qué relacionamos el amor? Normalmente con felicidad, bienestar, alegría,… con sentimientos positivos. Pero muchas veces también en las relaciones afectivas hay conductas de control, dependencia o posesión.

Si la persona con la que tienes una relación te envía constantemente mensajes para saber qué haces, te revisa el móvil, censura lo que publicas o te pide las claves de tus redes sociales no te está mostrando amor sino control. Las muestras de control y de posesión son señales de que algo marcha mal, y pueden ser indicativas de violencia de género.

Porque la violencia de género no son solo los golpes, ni surge un buen día de repente, sino que es un proceso de escalada que empieza por el control: con quién vas y qué haces, qué ropa te pones, qué subes a tus redes sociales… primero son solo comentarios, pequeños gestos, pero puede que un día te des cuenta de que has roto tus relaciones con tus amigas y amigos, te estás aislando y tu mundo se ha reducido al chico que tanto te gusta. Y puede que cuando decidas que no quieres seguir así él te haga chantaje emocional o incluso surjan las amenazas y agresividad.

Vivimos en una sociedad que idealiza el amor romántico, que está plagado de tópicos que nos hacen desear cosas que son irreales y nos llevan a vivir historias poco sanas, como pensar que las personas están predestinadas a amarse, que en algún lugar hay un alma gemela para complementarnos o que hay que sacrificarse por amor.

Pero debemos huir de esos tópicos, evitar las relaciones tóxicas, practicar un amor sano. El amor no se basa en el sacrificio y la entrega a otra persona, y en una relación sana no caben la dependencia, el dominio o el control. Quererse es compartir en igualdad, disfrutar cuando se está con la persona querida, hacer planes con ella, pero también tener una vida propia, plena, con otras amistades y aficiones que disfrutes por tu cuenta. Las personas no estamos predestinadas a amarnos ni necesitamos encontrar una media naranja para estar completas. Son cuentos del amor romántico que nada tienen que ver con la realidad y que pueden llevarnos a una situación de maltrato.

Falso mito #7
«Las chicas, aunque digan no, quieren decir sí»

Hay gente que cree que las chicas dicen que no para resistirse, para hacerse las interesantes, que es una forma de tontear con los chicos. Pero pensar que las chicas dicen que no quieren mantener una relación sexual para provocar que los chicos insistan, porque ellas en realidad sí quieren, es bastante retorcido ¿no te parece?

También es un error pensar que la forma de vestir o bailar de una chica sean una invitación para acosarla.

Hay una cosa muy clara: para mantener una relación sexual con una persona, esa persona tiene que desearlo. Lo demás es violación. Y pasa lo mismo si la chica está inconsciente o dormida, o por algún motivo no es dueña de su voluntad.

Aunque hayáis pasado la noche por ahí de fiesta, aunque haya tonteado contigo, aunque hace unos días ya tuvisteis sexo, incluso si ya habéis empezado y de pronto no quiere seguir. En realidad da igual en qué momento estéis: siempre se puede parar, no hay nada de malo en decir «basta, no quiero seguir». Y hay que respetarlo.

Ahora se habla mucho del «consentimiento». Es cierto que el consentimiento normalmente es algo que no se pregunta directamente, sino que las cosas «van surgiendo», pero si no reconoces las respuestas corporales o los gestos, o tienes alguna duda, lo mejor para evitar confusiones es que preguntes con claridad a la chica si está a gusto y si quiere continuar.

Que un chico insista en que quiere seguir porque «no puede parar» no es una buena señal y además es totalmente falso. Los chicos no tienen un impulso sexual irrefrenable ni son máquinas de hacer sexo que una vez que se programan no se pueden desprogramar. Esa es una forma muy machista y egoista de vivir la sexualidad.

Falso mito #8
«Los piropos son halagos»

Los piropos son una forma de acoso callejero. Silbar, opinar, hacer comentarios sexuales y decir obscenidades a las chicas, a las mujeres y a las niñas por la calle no son halagos, son acoso. Que nadie se alarme, porque no hablamos de decirle a una amiga que hoy está muy guapa, sino de una actitud que todas y todos conocemos, la del acosador callejero.

El acosador callejero se cree que puede permitirse hacer comentarios sobre si una chica es guapa o mona, sobre cómo va vestida, y babosear o silbar a su paso. Incluso llegar a perseguirla o amenazarla con agredirla sexualmente.

En los piropos subyace la idea machista de posesión del espacio público, y de dominio y control de todo aquello que pase por ese espacio, también las mujeres.

Si no son halagos ¿qué son entonces los piropos?

        • Son comportamientos machistas y discriminatorios.
        • Son una falta de respeto.
        • Son intimidatorios, producen temor e inseguridad. Cuando se hacen en grupo, aún más.
        • Son un intento de cosificación de las mujeres.
        • Pueden ser una amenaza de violencia sexual explícita.

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